Problemática
La logística bajo presión y la brecha de inclusión
La transformación digital del comercio ha generado una paradoja operativa: mientras los volúmenes de pedido crecen de forma acelerada, la estructura laboral de los almacenes no ha evolucionado al mismo ritmo. Las tareas de surtido, traslado interno y abastecimiento continúan siendo intensivas en mano de obra, físicamente demandantes y difíciles de ejecutar desde cualquier otro lugar que no sea el piso del almacén. La dependencia de la presencia física del operador es la principal restricción operativa no resuelta por la logística actual.
En paralelo, existe en México una población de 7.7 millones de personas con alguna forma de discapacidad motriz que enfrenta barreras sistémicas para acceder al empleo formal [7][8]. La tasa de informalidad laboral de esta población supera el 96%, lo que no refleja ausencia de capacidades cognitivas o de atención, sino ausencia estructural de herramientas de trabajo adaptadas a sus condiciones de movilidad [7]. A esto se agrega que el 62% de las personas con discapacidad en México carece de acceso a internet, limitando adicionalmente su participación en los modelos convencionales de teletrabajo [8].

Dos curvas que convergen
La problemática puede leerse como dos tendencias que se intersecan y cuya intersección define la oportunidad que este proyecto busca aprovechar:
Curva 1 — Demanda logística insatisfecha: Los centros de distribución necesitan capacidad operativa flexible, confiable y con bajo margen de error en tareas repetitivas. La contratación temporal resuelve el volumen pero no la calidad. La automatización total resuelve la calidad pero no está al alcance de todas las operaciones, y elimina puestos de trabajo sin generar alternativas para perfiles de operador desplazados.
Curva 2 — Talento con discapacidad sin canal de acceso productivo: Las personas con discapacidad motriz poseen capacidades cognitivas, de atención y de precisión que resultan valiosas en tareas de supervisión, control remoto y operación de sistemas. Sin embargo, la falta de herramientas adaptadas — interfaces accesibles, sistemas de asistencia, entornos de trabajo remoto — impide que ese talento se incorpore productivamente a cadenas de valor formales.
El espacio de intersección entre estas dos curvas es la teleoperación robótica con orientación inclusiva: un operador remoto controla un sistema físico en el almacén desde una interfaz diseñada para sus capacidades, ejecutando tareas logísticas concretas con precisión, sin necesidad de presencia física en el ambiente de trabajo y sin requerir infraestructura de movilidad que muchas personas con discapacidad no tienen.

Por qué las soluciones existentes no cierran la brecha
Las soluciones de automatización disponibles hoy — robots industriales, AGVs, sistemas AS/RS — están diseñadas fundamentalmente para reemplazar al operador humano en tareas repetitivas, no para habilitarlo desde una ubicación remota. Desde la perspectiva de inclusión laboral, esta orientación agrava el problema: reduce el número total de empleos en el sector sin generar alternativas accesibles para personas con discapacidad.
Por otro lado, las plataformas de teletrabajo convencionales (videoconferencia, interfaces de escritorio, colaboración digital) no permiten interacción física con el entorno del almacén: quedan limitadas a tareas administrativas o de supervisión pasiva. No existe un puente tecnológico entre la capacidad operativa que tiene una persona con discapacidad motriz frente a una computadora y la ejecución de una tarea física en un almacén.
La brecha que este proyecto busca atender es, en consecuencia, específica y técnicamente abordable: el diseño de un sistema que conecte la intención del operador remoto con la acción física del robot en el almacén, con una interfaz lo suficientemente accesible como para ser operable por personas con movilidad reducida y con un desempeño técnico lo suficientemente robusto como para ser útil en condiciones logísticas reales.
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